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Las 5 batallas más sangrientas de la Antigüedad
Post dedicado a alguien que me ha animado a desHerodotizarme
Los blogs son como cualquier otro medio de comunicación. Por ello, la mejor forma de aumentar su notoriedad es recurrir a dos argumentos siempre efectivos, el sexo y la sangre. Como lo primero me dá un poco de pereza, vamos a centrarnos hoy en algo bien sangriento: El ránking de las batallas con más bajas de la Antigüedad.
Para darle un poco más de interés, avanzaremos en sentido ascendente...
5. La Batalla de Platea (479 aC)
- Si en Salamina Jerjes ya vió que los griegos eran del tipo brutote, en Platea le quedó 100% clarito. Por suerte para él, ya había tomado las de Villadiego, regresando a la comodidad de su Imperio Persa, y le dejó el pastelito envenenado a su 2º de a bordo, Mardonio. Este pudo ver durante un rato (hasta que le curaron el dolor de cabeza para siempre) como 51.000 de sus soldados eran hechos trizas por las tropas griegas, que por una vez y sin que sirviera de precedente, habían aunado esfuerzos y combatido juntas.
4. La Batalla de Magnesia (190 aC)
- Que los Cornelios Escipiones eran unos militares de primer nivel lo sabía todo el mundo excepto Antíoco III, eufemísticamente llamado el Grande, de la Dinastía Seléucida. En esta batalla los romanos pasaron por encima de 53.000 de sus soldados y no frenaron hasta garantizarse el control de Grecia y asegurarse la estabilidad de la inestable Asia Menor.
3. La Batalla de Gaugamela (331 aC)
- 53.000 persas cayeron en esta batalla, cuya ubicación exacta desconocemos pero que cabe situar en algún lugar del Norte del Irak. Alejandro Magno y sus tropas macedonias inflingieron una derrota determinante al ejército persa, que propició su caída. El propio rey de los persas hubo de poner piés en polvorosa para no acabar bajo las pezuñas de Bucéfalo. A partir de este momento, Alejandro inició su camino hacia el horizonte...
2. La Batalla de Cannas (216 aC)
1. La Batalla de Arausio (105 aC)
- Uno de los personajes más odiosos de la historia romana, Servilio Cepión, condujo a sus tropas a la peor derrota de su historia, quizás no por sus consecuencias pero sí cuantitativamente. 80.000 soldados romanos dejaron la vida en la actual Provenza francesa. Sus cuerpos insepultos fertilizaron unas tierras que durante años ofrecieron a sus agricultores unas cosechas excelentes... Lo positivo de esta derrota fue que propìció una auténtica revolución en el ejército romano, auspiciada por Cayo Mario...
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La historia del Delfín que salvó al músico Arión
Los textos antiguos están repletos de preciosas historias en las que los animales cobran un especial protagonismo, ya sea ayudando a los hombres como causándoles males de todo tipo. Ejemplos hay muchos, desde los gansos que alertaron a los romanos de la invasión celta, al idilio de Leda y el cisne, pasando por toda la combinatoria posible de hombre y caballo, hombre y león, hombre y toro, tan propias de la mitología griega.
Hoy os quiero contar la historia de un delfín, el cual, según consta en el Libro I de la Historia de Heródoto, ayudó a un conocido músico de la época, a quien unos crueles marineros habían tirado por la borda. La historia está plagada de la típica ingenuidad de estos relatos semi- mitológicos... dice así:
XXIII. A Periandro... siendo señor de Corinto, le sucedió la más rara y maravillosa aventura: quiero decir la de Arión, natural de Metimna, cuando fue llevado a Ténaro sobre las espaldas de un delfín. Este Arión era uno de los más famosos músicos citaristas de su tiempo, y el primer poeta dityrámbico de que se tenga noticia; pues él fue quien inventó el dityrambo, y dándole este nombre lo enseñó en Corinto.
XXIV. La cosa suele contarse así: Arión, habiendo vivido mucho tiempo en la corte al servicio de Periandro, quiso hacer un viaje a Italia y a Sicilia, como efectivamente lo ejecutó por mar; y después de haber juntado allí grandes riquezas, determinó volverse a Corinto. Debiendo embarcarse en Tarento, fletó un barco corintio, porque de nadie se fiaba tanto como de los hombres de aquella nación. Pero los marineros, estando en alta mar, formaron el designio de echarle al agua, con el fin de apoderarse de sus tesoros. Arión entiende la trama, y les pide que se contenten con su fortuna, la cual les cederá muy gustosa con tal de que no le quiten la vida. Los marineros, sordos a sus ruegos, solamente le dieron a escoger entre matarse con sus propias manos, y así lograría ser sepultado después en tierra, o arrojarse inmediatamente al mar. Viéndose Arión reducido a tan estrecho apuro, pidióles por favor le permitieran ataviarse con sus mejores vestidos, y entonar antes de morir una canción sobre la cubierta de la nave, dándoles palabra de matarse por su misma mano luego de haberla concluido. Convinieron en ello los corintios, deseosos de disfrutar un buen rato oyendo cantar al músico más afamado de su tiempo; y con este fin dejaron todos la popa y se vinieron a oirle en medio del barco. Entonces el astuto Arión, adornado maravillosamente y puesto el pie sobre la cubierta con la cítara en la mano, cantó una composición melodiosa, llamada el Nomo orthio, y habiéndola concluido, se arrojó de repente al mar. Los marineros, dueños de sus despojos continuaron su navegación a Corinto, mientras un delfín (según nos cuentan) tomó sobre sus espaldas al célebre cantor y lo condujo salvo a Ténaro. Apenas puso Arión en tierra los pies, se fue en derechura a Corinto vestido con el mismo traje, y refirió lo que acababa de suceder. Periandro, que no daba entero crédito al cuento de Arión, aseguró su persona y le tuvo custodiado hasta la llegada de los marineros. Luego que ésta se verificó, los hizo comparecer delante de sí, y les preguntó si sabrían darle alguna noticia de Arión. Ellos respondieron que se hallaba perfectamente en Italia, y que lo habían dejado sano y bueno en Tarento. Al decir esto, de repente comparece a su vista Arión, con los mismos adornos con que se había precipitado en el mar; de lo que, aturdidos ellos, no acertaron a negar el hecho y quedó demostrada su maldad. Esto es lo que refieren los corintios y lesbios; y en Ténaro se ve una estatua de bronce, no muy grande, en la cual es representado Arión bajo la figura de un hombre montado en un delfín.
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Los idus de marzo, lo nuevo de Valerio Massimo Manfredi, y la peor portada de libro que he visto en tiempo
Cuando la Editorial Grijalbo se lanzó a publicar la última obra de Valerio Massimo Manfredi debería haberse documentado un poco más antes de lanzar semejante pifia en portada:
Cascos gálicos y no de tipo Montefortino, loricas segmentatas, centuriones con la cimera (cresta) longitudinal y no transversal, y si no me equivoco, lo que se vé al fondo es el Coliseo, más de 100 años posterior al personaje que nos ocupa... queda claro que el diseño es un pequeño anacronismo de unos 100 años!!
... a pesar de tener una de las peores portadas que recuerdo, estoy seguro que esta última novela de Valerio Massimo Manfredi estará a la altura de sus anteriores obras, puesto que los ingredientes son los mismos: Trama histórica de interés, buen ritmo narrativo, y giros imprevistos del argumento. En este caso, la historia es por todos conocida, así que podemos esperar pocos sobresaltos... a menos que el escritor italiano no se haya conformado con darnos tan sólo su visión de una historia con final ya conocido... en la web de Grijalbo - Random House Mondadori nos presentan el libro de esta manera:
Una visión nueva de uno de los acontecimientos más impactantes y dramáticos de la Historia Antigua: el asesinato de Julio César.
«¡Guárdate de los idus de marzo!» Esta fue la célebre advertencia que hizo un adivino a Julio César, infausto presagio de lo que iba a suceder. El complot ya estaba urdido y los conspiradores decididos a dar el golpe fatal. Tampoco las palabras de aviso del adivino fueron las únicas que escuchó César en los días previos al asesinato, pero era tan grande su confianza que las rechazó. En muchos aspectos la de César fue una muerte anunciada.
Esta obra de Valerio Massimo Manfredi es la crónica implacable de las cuarenta y ocho horas anteriores al sangriento acontecimiento que había de cambiar la historia. En ella todos los personajes -desde César hasta Porcia, desde Cicerón hasta Bruto, la mano ejecutora- van asuminedo su papel con la tensa cadencia de una tragedia griega. Y es que a veces la historia es la mejor novela...
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